domingo, 28 de dezembro de 2025

Confesiones


Hijos míos, mi sangre,
acepten con gracia
el saque de vuestra herencia.

La casa cruje como un mueble viejo,
cada recuerdo tiene una etiqueta
con precio tachado a lápiz.

No heredarán oro,
sino el polvo noble de las gavetas,
la astilla moral de las mesas comidas por el tiempo.

Somos todos comerciantes de muebles usados:
vendemos lo que amamos
porque pesa demasiado.

Yo también fui inventario,
cómoda con una perna coja,
escritorio manchado de culpas.

Perdonen este legado:
no es pobreza,
es a contabilidad da alma.

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