Llegaron con Roma, paso silencioso,
trayendo la Ley, la lámpara encendida;
eran semilla frágil pero viva
en suelo ajeno, duro y pedregoso.
Bajo reyes paganos, fue penoso,
y luego el reino visigodo herida:
la fe negada, la palabra prohibida,
el miedo escrito en decreto odioso.
Mas vino Al-Ándalus con otro sol,
tras la conquista del Omeya lejano,
y el saber abrió puertas y razón.
Allí el judío fue poeta y humano,
comercio, ciencia, verso y tradición:
flor de Sefarad, jardín de la mano.
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