EL DÍA QUE QUEDÉ COMPLETAMENTE ABIERTA
Hola, mis queridas amistades, aquí estoy de nuevo para relatarles un poco más de mí. Yo soy Pamela, travesti, 25 años, blanca, soltera y con un carajo de unos 25 cm siempre activo cuando hace falta. Soy un ser humano igual a ustedes y, con una diferencia de muchos que leen aquí, soy activa y también pasiva; por eso tengo mis días en los que deseo ser una hembra y que me follen mucho el culo.
Uno de estos días de la semana pasada, me desperté con una calentura tremenda, mi carajo duro saliéndose de la braga y sentí unas ganas tremendas de ser enculada. Eran apenas las 7:00 de la mañana y no sabía a cuál de mis amigas recurrir a esa hora; seguramente todas dormían y yo necesitaba mucho sentir un carajo dentro de mi culo, de lo contrario me volvería loca.
Me vino a la cabeza mi vecino Jair, un joven de unos 19 años, blanco; no tenía un cuerpo aventajado y su carajo debía ser pequeño, pero como dicen, a falta de pan, buenas son tortas, y él ya me había tirado varios lances. Él ya me había dado su número de teléfono varias veces, lo busqué, lo encontré y lo llamé. Jair, al saber que era yo al teléfono, se quedó hasta sin voz; le pedí que se calmara y viniera a mi casa si no le molestaba. Vino de inmediato y abrí la puerta totalmente desnuda, le tiré la llave para que abriera el portón y me fui a mi cuarto a esperarlo.
Jair entró, vino al cuarto y le pregunté si quería follarme el culo. Yo desnuda en la cama, él se quitó toda la ropa y vino cariñosamente a acariciarme las nalgas; fue pasando saliva y comenzó a penetrarme con su verga de tamaño medio. Él metía con ganas, pero yo no conseguía sentir mucho placer; aun así, dejé que me diera tranquilo en el culo y se corriera dentro de mí. Me agradecía tanto que hasta me dio vergüenza, pero mi fuego e intensidad no se pasaron. Él se vistió y se fue a su casa, y yo me quedé allí con el culo palpitando, loca por ser follada de verdad.
Creo que alguien que está leyendo sabe lo que es sentir el deseo de entregarse rico a un hombre de carajo grande, grueso, algo que me saca de quicio. Me acordé de mi amiga transexual que también tiene un carajo grande y que debía ser rico tenerlo dentro de mí. Llamé a Ligia y le expliqué lo que me pasaba; de inmediato me dijo que vendría a mi casa y traería a una amiga, colega nuestra, porque si ella no daba abasto, nuestra amiga seguramente lo haría.
Ligia, negra rica, con un carajo grande de unos 23 cm o más, trajo a nuestra amiga Renata, negra, linda; yo no conocía su "dote" y ella ni se quitó la ropa para mostrármelo, me dijo que sería una sorpresa para mí. Ligia se fue quitando toda la ropa y vi su carajo negro de cabeza brillante; se lo mamé un poquito y Ligia el mío. Me quedé de pie, solo encorvando un poco el cuerpo; Ligia lubricó bien mi culo e hizo lo mismo con su carajo y me folló ahí mismo. Qué delicia aquel carajo negro de mi amiga, entrando y saliendo de mi culo, haciéndolo vibrar de deseo. Nuestra amiga Renata ni se quedó en el cuarto para ver a Ligia follarme. Yo gemía y gritaba con su carajo dentro de mí; me sentía una perfecta hembra siendo enculada y me corrí rico mientras Ligia terminaba dentro de mi culo.
Descansamos un poco y Ligia me preguntó si mi fuego se había apagado; le respondí que un poco, pero que faltaba algo más que no sabía exactamente qué era. Ligia llamó a Renata y le dijo que yo era toda suya. Renata se quitó la ropa y vi un tremendo carajo, grande y muy grueso como nunca había visto antes. Sonreí y dije que aquello no entraría dentro de mí jamás; por más que ya me hubieran dado por el culo, aquello me iba a reventar. Renata dijo que me la iba a meter toda y que me haría llorar en su carajo. Pidió poner un paño en el suelo y que me pusiera en cuatro, que era ahí donde me iba a desollar.
Ella ni lubricó mi culo; la lubricación que había era de la leche de Ligia que se había corrido en mí. Apoyó su carajo monstruoso en la entrada de mi culo y fue empujando; yo sentía un dolor fuera de lo normal y grité mucho, pero de nada sirvió. Sentí cuando entró su enorme cabeza y vi las estrellas; poco a poco fue metiéndola con sus movimientos y yo moviendo mucho las caderas para facilitar la penetración. Aun así, seguía sintiendo dolor con sus movimientos de carajo entrando. Renata me dio un cachetazo en la nalga y dijo que eso era lo que yo necesitaba, me llamó vagabunda, su putita, y hundió su enorme carajo dentro de mí.
Me corrí sin tocar mi carajo, tal era mi excitación; ahora ya me movía en su carajo como una perra y lanzaba todo mi cuerpo contra el suyo para sentir su carajo completo dentro de mí. Sentía tanto deseo que empecé a tocar mi carajo, que no se ablandaba, y me corrí una vez más. Renata me sujetó firme por la cintura y se corrió toda dentro de mi culo. Cuando sacó su carajo de mi interior, Ligia tomó un espejo y lo puso detrás de mis nalgas; vi mi culo muy abierto. Sin duda ya no quedaba ni un pliegue; ahora estaba completamente abierta ("arrombada"), pero satisfecha y realizada, por supuesto.
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