quinta-feira, 1 de janeiro de 2026

La carta de Dios


No en blanco papel, ni en tinta vana, escribo

, ¡oh mortal!, mi pensamiento; 

que es mi pluma la voz

 del firmamento y tu vida,

 la letra que se aplana.


¿Buscas leer mi mano soberana? 

Mira el polvo que cruza por el viento,

que en su mudo y veloz movimiento

 va escribiendo tu fin y tu mañana.


Es el alma el tintero 

de mi juicio, 

donde el perdón 

se mezcla con el lodo,

 si el arrepentimiento no es ficticio.


No busques sellos de oro, que de 

modo que el tiempo es mi mensaje 

y mi ejercicio: yo soy el punto, el libro y lo soy todo.

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