No en blanco papel, ni en tinta vana, escribo
, ¡oh mortal!, mi pensamiento;
que es mi pluma la voz
del firmamento y tu vida,
la letra que se aplana.
¿Buscas leer mi mano soberana?
Mira el polvo que cruza por el viento,
que en su mudo y veloz movimiento
va escribiendo tu fin y tu mañana.
Es el alma el tintero
de mi juicio,
donde el perdón
se mezcla con el lodo,
si el arrepentimiento no es ficticio.
No busques sellos de oro, que de
modo que el tiempo es mi mensaje
y mi ejercicio: yo soy el punto, el libro y lo soy todo.
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