México y Venezuela, en mismo abrazo,
os nombra Brasil con fervor profundo;
no hay mar que rompa el fraterno lazo
ni frontera que parta igual mundo.
Si el oro ajeno dicta su fracaso
con lengua dura y mandato iracundo,
la América responde paso a paso
con pueblo en pie y corazón rotundo.
No manda el norte al sueño compartido
ni compra el alma el dólar imperial:
la historia arde en sangre y en sentido.
Que viva el sur, diverso y solidal,
pues donde hay pueblo hermano y decidido
la libertad se escribe continental.
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