No soy del rito, ni del caftán, ni del lamento,
ni hablo la lengua que el gueto tejió con dolor;
en mi sangre, un castellano antiguo y lento
desprecia el muro que el tiempo erigió contra el judío.
Mira: no quepo en la masa ni en el cerrojo,
mi patria es el libro, el mármol y la idea;
hay un brillo de daga sefardí en mis ojos
que no se inclina ante la plegaria que la turba encadena.
Soy el heredero de Canetti, el rey sin trono,
vago entre alemanes y el clamor del desierto,
siempre un extraño, vigilante y sin amo.
Si el mundo es un círculo de odio y mutismo,
guardo en mí, en un exilio cercano,
la lengua de un imperio que todo lo sobrevive.
Nenhum comentário:
Postar um comentário