I.
Niña dulce y morena, la sombra abraza
tu cuerpo cálido, el sol sobre tu piel.
Una risa despreocupada, una flor que florece,
en la mirada
que un nuevo amor repele.
La calle canta, en una celebración superficial, Dulce Brasil que nos impulsa
a amar sin miedo, sin disfraz,
un corazón que, al fin, se revela.
Y él, el niño, claro y luminoso, en tu abrazo, encuentra el mundo.
En la piel oscura, la luz que eleva, en cada gesto, la vida que
confronta cualquier muro que se atreva a separar lo que emerge.
Un beso lento, la fe que crece,
y el tiempo se detiene, la hora vertiginosa.
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