El corazón es una tumba que llora versos en sus rincones.
Un hada coronada de serpientes guía a los caballos de los ríos hacia el fluir de las semillas de aguas puras.
No tiene nombre ni memoria.
Y todos los muertos en el libro de la vida ríen o lloran.
Afuera, el sol quema nuestra piel de kibutz por los cuatro costados.
Y el ángel de la muerte toca una flauta melódica sobre un cangrejo muerto.
La niña de los sueños era una pequeña y esbelta sirena.
Cabello rubio, ojos de serpiente, verdes, estrellados, con un culo de hierro, metal y auroras.
Toda Andalucía estaba en tu boca brasileña y en la mía, las doce tribus de Jacob.
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