terça-feira, 11 de novembro de 2025

Al borde de una canción: algunos poemas en español brasileño - libro

 



Dedico estos poemas con 
cariño a mi abuela, Miriam Maria de Ataide,
 y a mi madre, Maria Miriam de Ataide.



Invierno

Viento frío
Endulza la boca
Como sombras de estrellas
Azúcar y nieve
Café oscuro
Sin estrellas brillantes
En el cielo.



amordelunablanca

Corazón nuclear
El amor duele, llora
Muere, se mueve
En arenas movedizas
Araña en la telaraña

¡Sol brillante! Soles.




Sura de la Piedra y la Luz

En el nombre de Aquel que crea el polvo y el esplendor,
Alabadas sean las ciudades nacidas de la reflexión:
Adamantium, hija de la tierra,
y la Alhambra, hija del cielo.
Ambas fueron alzadas por las manos del viento,
y adornadas con el perfume del higo y la uva.
El sol se inclina sobre sus cúpulas,
y en ellas el oro se mezcla con el polvo.
¡Oh, viajero, contempla!
En Adamantium, la piedra habla el lenguaje del tiempo;
en la Alhambra, el tiempo se disuelve en la piedra.
Ambas son espejos del mismo sueño,
donde el hombre anhela alcanzar la eternidad.
Los ríos fluyen y los jardines escuchan.
El higo madura en silencio,
la uva se abre como un corazón en ofrenda.
Nada es vano: incluso el polvo tiene memoria.
Y el Señor de la Belleza susurra:
«Todo lo que veis es un reflejo de mi luz:
el mármol, el polvo, el canto del muecín,
el agua que fluye bajo el arco».
Adamantina brilla como una joya de Occidente,
la Alhambra suspira como un velo de Oriente.
Ambas son portales del mismo espíritu,
dos rostros de la misma creación.
Y cuando el crepúsculo las envuelve,
y el viento mezcla el polvo de las dos ciudades,
se oye una voz infinita que dice:
Todo es Uno, y el Uno es bello.




Al Nariz de mi Linaje


Éste que ves, no es sombra ni accidente,
es monte santo, torre prominente;
nariz que el viento teme irreverente,
y el sol saluda desde el occidente.

Judío soy — ¡bendita descendencia! —
que lleva en rostro toda su paciencia;
si el mundo sopla, yo marco la presencia,
si Dios modela, yo guardo su influencia.

Nariz que fue del arca centinela,
que olió el diluvio antes que la vela;
nariz que busca en libros su consuelo,
y en vino y risa, su mejor desvelo.

Reíd, mortales, del perfil divino,
que en mí respira el polvo palestino;
mas cuando el alma suba, fiel y clara,
será mi nariz quien llegue la primera al cielo.




Romance de los Judíos Casamenteros

—¡Ay de mí!— dijo la moza
con la rueca y con desvelo,
—¿quién me busca un buen marido
que no sea ni santo ni feo?—

Y vino un judío alegre,
de barba como de sueño,
con anillos en los dedos
y palabras de terciopelo.

—Señora, yo tengo en lista
caballeros y zapateros,
mercaderes de buen oro
y poetas medio cuerdos.

Yo junto manos y dotes,
como quien junta luceros;
donde hay llanto, pongo bodas,
y donde hay miedo, requiebros.—

Y así habló el casamentero,
con voz dulce y ojo presto:
—El amor es buen negocio,
si se firma con un beso.—

Rieron mozas y ancianas,
bailó el aire por el techo;
hasta el cura se escondía
por miedo a tanto festejo.

Mas al fin la moza dijo:
—¡Bendito el pueblo hebreo!
que hace bodas y esperanzas
como quien hace un destello.—

Y el judío, muy contento,
levantó su sombrerillo:
—Casar es dar nueva vida,
y en eso, amigos, no hay trillo.—




Al Midrash, Espejo del Verbo


Luz que no muere en letra encarcelada,
océano del verbo, Midrash santo,
que del silencio haces oro y canto,
y del polvo, verdad enamorada.

En tu cristal la mente es alborada,
el alma lee en fuego su quebranto,
y Dios, oculto en sombras de su manto,
susurra al sabio voz revelada.

¡Oh arte antiguo de divina hebrea!
Donde la Ley respira y centellea,
y el nombre arde sin consumirse en nada.

De ti bebió la aurora su hermosura,
y el mundo —en su ignorancia oscura—
aprende a ver la luz interpretada.



Adorad al Rey del Universo


Arpa Cristiana - n. 124

Adorad al Rey del universo,
Tierra y cielos, dadle su loor;
Todo ser en mares tan inmensos
Cante al Dominador.

Todos juntos alabemos,
Gran Salvador y Redentor;
Todos le alabemos,
Rey y Dominador.

Adoradle, ángeles gloriosos,
Vos que su grandeza contempláis;
Vos, redimidos, ya victoriosos,
Más gracias le brindáis.

Todos juntos alabemos,
Gran Salvador y Redentor;
Todos le alabemos,
Rey y Dominador.

Sol y Luna, coros estelares,
Su majestad proclamad;
Huestes grandes, miles y millares,
Su poder mostrad.

Todos juntos alabemos,
Gran Salvador y Redentor;
Todos le alabemos,
Rey y Dominador.

Vientos, lluvias, rayos, truenos fuertes,
Revelad al gran Creador;
Vos decís, montañas de altos vértices,
¡Cuán grande es mi Señor!

Todos juntos alabemos,
Gran Salvador y Redentor;
Todos le alabemos,
Rey y Dominador.

Cedros altos, hierbas florecientes,
Esta sinfonía aumentad;
Aves, peces, seres diferentes,
A Dios agradeced.

Todos juntos alabemos,
Gran Salvador y Redentor;
Todos le alabemos,
Rey y Dominador.

Hombres, jóvenes, viejos, niños todos,
Adorad a vuestro Redentor;
Reyes, sabios, grandes y pequeños,
Dad sincero honor.

Todos juntos alabemos,
Gran Salvador y Redentor;
Todos le alabemos,
Rey y Dominador.





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